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Irlanda: Kilkenny, Derry, Belfast


Salí de Galway y me dirigí a conocer los acantilados de Moher, un lugar en el que se rodaron escenas de “la princesa prometida”, aunque quizás lo más sorprendente del lugar es ver como la gente se salta los vallados y se va a caminar por el borde del precipicio, obviamente yo no podía ser menos, ya que las fotos desde esas zonas son mucho mejores.
Después me fui hacia Kilkenny, una pequeña ciudad que me gustó más que Galway y que tiene un castillo que me gustó bastante más que el de Dublín. Un lugar, como suele pasar en Irlanda, perfecto para pasear por sus calles y tomarse unas pintas. Tuve que esperar hasta el día siguiente para poder entrar en el castillo porque llegué a la ciudad cuando ya casi todo estaba cerrando, así que por la mañana, tras ver el castillo y la otra de las catedrales que me quedaban por ver me fuí hacia Cahir a visitar su castillo, el cual, según tengo entendido, sirvió para parte del rodaje de "Braveheart".
Tal vez mi juicio se nublara debido al cansancio de conducir desde el sur de Irlanda, de Kilkenny a Cahir y desde aquí hacia el norte hasta Derry, o quizás el hecho de descubrir que por ahorrar un poco de pasta en el hostel, terminé metiéndome en un nido de perroflautas, pero el caso es que mi impresión sobre Derry fue la de una ciudad descuidada y decadente, una reliquia de otro tiempo más combativo.

Una de las diferencias más notables que aprecié entre Irlanda e Irlanda del norte fue en los hoteles. Decidí gastarme lo mismo en cada hotel en el que estuviera, pero la diferencia de calidad era más que notable a favor de los hoteles de Irlanda. Y es que si bien los hoteles de Irlanda eran habitaciones con su baño y televisión, aquellos en los que estuve en Irlanda del norte no podrían ser ni siquiera llamados zulos porque sería un insulto para los zulos.

Desde Derry salí hacia la calzada de los gigantes, mi auténtico objetivo para ver en Irlanda del Norte, una formación basáltica de origen volcánico que se encuentra en la costa norte y que en mi opinión, es un sitio que no se puede dejar de visitar si se está en Irlanda. Desde allí me fuí hacia Belfast, donde iba a pasar la última noche. De Belfast diré que me pareció una ciudad muy inglesa y creo que ahí si se notan diferencias con respecto a Dublín, en el sentido de que son más "ingleses". Aunque tampoco puedo comentar demasiado sobre la ciudad, porque apenas me dió tiempo a ver el ayuntamiento, la catedral de Santa Ana, la biblioteca pública, la ópera...Básicamente lo que hay por el centro de la ciudad.
En Belfast he ratificado que mi look de yonky es de lo más universal, allí donde esté, habrá alguien que me pregunte algo sobre la ciudad, ya sea Londres o Nueva York. Lo cual, a su vez, hace que me pregunte porqué la gente le pregunta nada a alguien con pinta de yonky. Por otro lado, callejeando en busca de un pub libre de guiris para tomarme una pinta me di cuenta de que los pubs irlandeses son mucho de colgar cosas estúpidas en las paredes, carteles, matrículas, panfletos a favor de de Juana Chaos...Y es que acabé tomando una pinta en un pub en el que tenían en una de las paredes un panfleto promoviendo una recogida de firmas para evitar la extradición del susodicho a España, diciendo cosas como que de hacerlo se enfrentaba a la tortura y la cárcel por el simple hecho de tener unas ideas independentistas, supongo que en sus tiempos aquel lugar sería un zulo del IRA. En fin, para terminar solo añadiré que al día siguiente tocó meterse otras dos horas y media de coche para poder llegar a tiempo al aeropuerto de Dublín y coger el vuelo de vuelta a casa.

Irlanda: Wexford, Galway

Tras conocer Dublín, un amigo que vive alli me llevó a conocer Wexford, en principio el plan era conocer Wexford y Waterford, pero ya se sabe que no hay nada peor que planear las cosas, así que a Waterford no nos dió tiempo ni a llegar. El paisaje irlandés me recordó poderosamente al de Asturias, concretamente al de la parte central, de lomas bajas y pastos. El caso es que es tan parecido que yo creo que si le cambias los carteles podrías confundirte y creer que estás en Asturias.
Por otro lado, tal vez sea consecuencia de una apreciación subjetiva mía, pero después de recorrer el pais, me pareció bastante homogéneo, al margen de que en Dublín bebas Guinness y en Cork Murphy´s, lo cierto es que no se aprecia la disparidad que por ejemplo hay en España, con diferencias notables entre el norte y el sur, el este y el oeste, incluso en zonas de una misma comunidad entre costa y montaña, esto es algo que me pareció que está muy difuminado allí.
En Wexford no se puede decir que hubiera mucho para ver, recorrimos un parque del patrimonio nacional en el que tienen construidas réplicas de las diferentes etapas históricas de Irlanda, desde los monumentos megalíticos a barcos vikingos. Pero sinceramente, a mi las réplicas suelen dejarme bastante frío, me gustan las cosas originales y personalmente creo que habría sido una elección mejor haber visitado Newgrange, el stonehenge irlandés.
Al día siguiente recogí el coche alquilado y me fui ya hacia Galway, en la costa oeste. Lo cierto es que casi todo lo que se puede visitar en Galway puedes hacerlo en una tarde, desde el spanish arch, hasta la catedral. Probablemente lo mejor de haber estado por esa zona fue recorrer las carreteras que bordean la costa hacia Carraroe. Y es que tras ver este nombre en el mapa tuve que ir hacia allí, porque hay una jiga tradicional irlandesa que lleva el nombre por título.

Irlanda: Dublín

Desde hacia tiempo que tenía pendiente hacer este viaje en concreto, ya que tanto Escocia como Irlanda estaban las primeras en mi lista de destinos favoritos, así que igual que hice el año pasado, me fui a pasar una semana recorriendo la isla con un coche alquilado. Del este al sur, al oeste y al norte, recorriendo una cantidad de kilómetros tan grande que de haberlo pensado mejor igual habría recortado alguna visita.


Los primeros días los pasé conociendo Dublín, una ciudad que tal vez decepcione un poco después de haber visto Londres, pero que por otro lado tiene el Guiness storehouse, que para los que somos amantes de la cerveza negra, Guiness en concreto, es una visita obligada, bueno, aunque no lo seas también lo es, no en vano es la atracción más visitada de la ciudad. Uno tampoco puede dejar de visitar el Trinity college, ni pasearse por O´Connell street y por Grafton. Un lugar que personalmente me decepcionó un poco fue el castillo de Dublín, supongo que las expectativas eran demasiado altas después de haber visto lugares como la torre de Londres o el castillo de Edimburgo.


Obviamente no se puede ir a Dublín y no salir por la zona de Temple bar, claro que si en verano pretendes conocer a la auténtica Dublín no creo que esta sea la zona recomendable porque está lleno de turismo, de hecho creo que en alguna ocasión entramos en un pub donde los únicos irlandeses debían de ser los músicos y los camareros. Aunque si hay algo que tenga delito es salir de noche por Dublín para acabar escuchando en un local rumba, más teniendo en cuenta que yo salgo de España huyendo de ella.

Paseando por las calles de Dublín me encontré con algo que me llamó la atención y que me pareció bastante gracioso, se trataba de un pequeño grupo de unos cinco o seis voluntarios, uno de ellos disfrazado de oso, que recorrían las calles repartiendo panfletos y recogiendo donativos para una asociación cuyo fin era la prevención del suicidio adolescente, lo cual me hizo pensar en los métodos que usarán para prevenir el suicidio, ¿Repartirán clearasil a la puerta de los institutos?, ¿Les buscarán novias adolescentes a los nerds like me?, porque eso me habría venido muy bien en su momento, bueno y ahora también...

Londres II


Otro lugar que uno no puede dejar de visitar es el mercadillo de Portobello, debo confesar que conocí de su existencia viendo "La bruja novata", una película Disney al estilo "Mary Poppins" con Angela Lansbury de protagonista. El mercadillo se encuentra en el barrio de Notting hill, que era el mismo barrio donde estaba el primer Youth hostel donde dormí, se trata de un barrio residencial y tranquilo. El caso es que te puedes pasear por Portobello mientras te comes unos cacahuetes fritos con miel de alguno de los puestos y escuchas aquí y allá la música de unos intrumentos que no reconocí, pero que sonaban muy jamaicanos. Fue en Portobello donde me compré una placa de Abbey road que tengo colgada en la pared de mi habitación (No me van los tacones, así que algún fetichismo tenía que tener). Y es que, para quien no lo sepa, en Abbey road se encuentran los estudios de grabación más famosos del mundo, en ellos grabaron los Beatles sus discos. Y como no podía ser de otra forma, me pasé por allí.

Abbey road se encuentra en St Johns Woods, resulta sorprendente que de aquel pequeño edificio pintado en blanco pudieran haber salido tantas obras maestras. Los muros de la entrada están llenos de pintadas de la gente que pasa por ahí, así que yo también dejé mi nombre grabado en la historia, al menos hasta la próxima vez que repinten el muro.


Si estás en Abbey road no puedes marcharte sin hacerte una foto en el paso de cebra que hay al lado de los estudios y que los Beatles inmortalizaron en la portada del disco Abbey road. Está claro que el lugar es un punto de destino turístico, porque las fotos pasando por él me las hicieron unas francesas a las que yo tuve que hacer la misma foto después.

Y claro, como me quedaba cerca (Más de tres horas en tren), me fuí a Liverpool para poder ver los lugares en los que crecieron los Beatles, porque viene a ser como la meca para los fans. Sin embargo, la ciudad en si, me resultó un poco gris, pero claro, hay que tener en cuenta que venía de ver Londres y por supuesto, todo pierde en comparación.

La ciudad parece dedicada a ellos, te puedes pasear por "The Beatles walk", o puedes estar en un parque y tropezarte con una escultura en homenaje a ellos representando el submarino amarillo (Por no mencionar que el aeropuerto se llama John Lennon). Por ejemplo, yo estuve en un Youth hostel en el que cada piso, cada pasillo, estaba dedicado a alguna canción de ellos, yo dormí en el pasillo "Penny lane". Claro está, si vas a Liverpool tienes que ir hasta Albert dock y tienes que visitar la reconstrucción de la caverna (la original fue derribada por un alcalde muy poco avispado). tampoco es que tengas mucho más para ver, claro que yo solo estuve un día y no tuve tiempo para mucho más, apenas para ver la vieja catedral derruida y darme un paseo por el Liverpool gallery (Que tenía prevista una exposición de Paul McCartney, pero aun no estaba abierta).

Otra de mis chifladuras particulares son los planetarios, allá donde voy, si hay uno cerca, no puedo pasar sin visitarlo y Londres no iba a ser la excepción. El planetario y el museo de cera se encuentran en el mismo lugar. Antes, al menos la primera vez que estuve en Londres, podía comprar la entrada para ir solo al planetario sin tener que tragarme el museo de cera, que personalmente no me atrae lo más mínimo, por no mencionar que Londres es una ciudad carísima incluso con los descuentos de estudiante. Sin embargo, la segunda vez que estuve, las entradas eran únicas e incluían a los dos, con la excusa de que ir solamente al planetario sería una visita muy corta.

Como soy fan de Sherlock Holmes, no podía dejar pasar la oportunidad de visitar el museo del susodicho que hay en Baker street, muy cerca de donde está el planetario. En la misma calle se encuentra una tienda de merchandising de los Beatles, el "Beatles store" donde no pude evitar comprarme una camiseta con la portada del Sargeant Pepper.

Lo dejaré aquí para evitar hablar de como me compré adornos de navidad en Harrod´s como regalo, o de las películas Imax del museo de la ciencia, que ya está bien de aburrir a la gente.

Londres I

La primera vez que estuve en Londres fue también la primera vez que me dio por coger una mochila y marcharme yo solo de albergue en albergue, supongo que por eso es uno de los viajes que recuerdo con más cariño (fase ñoña cerrada). No voy a decir que no me guste viajar por ahí con los amigos, el viaje a Amsterdam, desde luego, no habría sido lo mismo. Sin embargo, viajar sólo es algo totalmente distinto y a mi me encanta, claro que si atendemos a lo que dicen mis amigos, soy un bicho raro.

El viaje se vuelve aun más interesante si tu dominio del inglés es como el mío, porque una cosa es entender lo que te están diciendo y otra muy distinta articular un discurso coherente, Toro sentado a mi lado era Shakespeare. Encima, con mi buena suerte habitual, el conserje de un sitio donde dormí me utilizó como traductor con una señora que no tenía la más mínima idea de inglés, aquello debería haber quedado grabado, porque fue un auténtico sketch.

Una cosa que tienen los albergues juveniles, es que quieras o no quieras acabas conociendo gente, es lo que tiene compartir habitación con otros 16 desconocidos procedentes de todas las partes del planeta, dejaré los chistes sobre los baños comunes de lado, porque se agotaron todos con lo del jabón en las duchas. En el primer albergue en el que estuve, conocí a un motero vasco que había llegado allí despues de recorrerse toda la costa francesa en la moto. Así que me fuí a hacer el guiri con él por ahí. Estuvimos viendo la torre de Londres, Buckingham, la abadía de Westminster, el Big Beng, Trafalgar square...

Aunque como cualquier guiri que se precie, lo primero que hice tras dejar la mochila en el youth hostel, fue irme hasta Picadilly circus, donde me encontré con otra de mis grandes adicciones, los brownies, concretamente los de Millie´s, una cadena con la que me tropecé al entrar en Trocadero. Obviamente, una vez allí te pierdes por Regent street, Oxford circus y claro, Carnaby street, una calle que suena a años sesenta. Alguna vez leí que grupos mod como "Small faces" se gastaron el dinero de su primer contrato discográfico en menos de una semana comprando ropa en las tiendas de Carnaby.
Otro sitio que no se puede dejar de visitar es el Museo Británico. Es inabarcable, fuí por la mañana, me la pasé entera allí, comí y seguí durante la tarde y aun así, no lo pude ver entero. Pero simplemente por los frisos del Partenón o el templo que tienen reconstruido dentro o la piedra de Roseta, ya merece la pena, eso por no mencionar a las momias, las espadas celtas o el moai que tienen expuesto, jejeje.

Una visita a Londres no está completa si no te pasas por el Soho, aunque ahora los clubes de striptease son atracciones turísticas. Y es que así no hay manera de chulear puritanos. Otra parada obligatoria es Chinatown, donde por cierto, se come bastante bien, pero claro, tampoco puedo opinar sobre la comida ya que yo soy un adicto al pollo del KFC.

Los freaks de Nueva york

No se si será influencia de las películas, o puede que las películas reflejen bien lo que son los Estados unidos, pero cuando estuve en Nueva york tuve la sensación de estar en una película "Made in USA" durante casi todo el tiempo.

Tal vez ya iba un poco predispuesto después de pasarme la vida viendo como vivían a través de películas y series de televisión, tal vez se debiera a que Nueva york en si misma es un plató de tamaño natural lleno de extras.

El caso es que allí cada día te tropiezas con personas "Peculiares". Recuerdo una noche, dando una vuelta por Harlem con un catalán al que conocí allí, que nos paró un tipo en la calle. Repartía panfletos y nos empezó a contar que el atentado contra las torres gemelas había sido un montaje de los servicios secretos de los Estados unidos y que los medios de comunicación estaban implicados en ello, ocultando las pruebas.


Aquel tipo pretendía, según las explicaciones que nos dió, crear una especie de células a lo largo del pais para transmitir información al margen de los medios de comunicación traicionales (y de internet) porque todos estaban controlados por el poder en la sombra. El plan consistía en transmitir boca a boca la información que él tenía en su poder, cada miembro debía reclutar a su vez a otras doce personas y cada una de ellas a otras doce. El mensaje debía transmitirse boca a boca, así, según sus cálculos, en unos pocos meses el mensaje se habría difundido y ya no habría nada que el gobierno pudiera hacer para impedirlo.


Otro día, se me acerca una señora que había montado su tenderete en la esquina de una calle y me ofrece unos panfletos que no tenían el más mínimo desperdicio. En ellos se nos explicaba, con pelos y señales, como iba a ocurrir "El rapto de los justos". Se trataba ni más ni menos que de un plan de evacuación planetaria que sería llevado a cabo por las naves espaciales comandadas por Jesucristo. La finalidad era poner a salvo a los justos antes de la batalla cósmica (cómica) que se va a desencadenar en breve entre las naves espaciales de Jesús y las del anticristo. Un dato a tener en cuenta es que para poder contarse entre los justos hay que ser virgen, con lo que supongo que habrá mucho espacio libre en las naves cuando finalmente aparezcan (Como en su día predijo Carlos Jezu shiu shiu).


En fin, pasearse por las calles de Nueva york es toda una experiencia, te puedes encontrar gente en el metro silbándole a las ratas que pululan por las vias y que a continuación se ponen a cantar un espiritual negro. También te puedes encontrar a raperos ofreciéndote su maqueta en Times square al más puro estilo "greites jits" de los Chunguitos.

Y por cierto, después de tanto tiempo viéndolos en series y películas, los pretzels no me gustaron nada. Y creo que los perritos calientes que me comí seguirán en mi intestino cuando me hagan la autopsia.

Viaje a Escocia IV



Tras Eilean Donan entré en la isla de Skie, allí me busqué habitación en un pequeño hotel de Portree, un lugar que me llamó la atención porque debe haber tantos hotelitos y bed and breakfast como casas particulares. El pueblo estaba lleno de turistas y de hecho, creo que yo me quedé con la última habitación que les quedaba libre en el hotel, porque al bajar tras posar la mochila, tenían puesto un cartel informando que no les quedaban camas disponibles. La isla es un lugar en el que si dejas caer la cámara al suelo, la foto que sale es cojonuda, te puedes perder por carreteras que bordean la costa disfrutando del paisaje, mientras buscas Kilt rock y Mealt falls o te encuentras a lo lejos the old man of Storr. Y yo esto lo hice mientras en la radio del coche llevaba la BBC gaélica, en la que sonaba a todas horas música folk, la ambientación perfecta junto al día de perros que tuve. Después, visité el castillo de Dunvengan (Hogar del clan McLeod) antes de abandonar la isla para dirigirme a Inverness.

Esta, fue una ciudad que me defraudó, aunque tal vez, en ello tuviera parte de la culpa el albergue en el que me alojé un par de días. Y es que a cualquiera le cambia el humor si un polaco borracho lo despierta en mitad de la noche blasfemando en la lengua negra de Mordor. Por no mencionar que una vez llegué tras pasarme el día recorriendo las tierras altas y lo que me encuentro al llegar a la habitación a eso de las 11 de la noche es a un irlandés (Gordo para más señas) durmiendo en mi cama, una imagen digna de "los albóndigas atacan de nuevo".

Estar en Escocia y no visitar una destilería debe considerarse pecado, así que como todo buen guiri cogí el coche y me planté en la destilería de Glenfiddich, en pleno corazón de Escocia, desde ahí me pegué una kilometrada para poder ver el castillo de Dunrobin, situado al norte de Inverness, pero se me hizo tarde y no pude verlo por dentro, sin embargo, solo por el paisaje que me encontré durante el recorrido, mereció la pena.

Por supuesto, no podía faltar la visita al lago Ness y a Uqurhart castle. Un lugar mitificado a costa de monstruos imaginarios para sacarse unos durillos (Igualito que el eje del mal de Bush)

También aproveché para darme un paseo nocurno buscando la mansión de Aleister Crowley(Por lo de mago negro y todo ese rollo de Led Zeppelin, ¿Cómo, que no sabeis de que hablo?, ¿Acaso soy el único que se descojona de Iker Jimenez?). Boleskin house se encuentra a milla y media de Foyers. Así que mientras la buscaba, acabé visitando la cascada de Foyers en horario nocturno.

En fin, no quiero seguir entrando en más detalles del viaje, que no es plan de hacer un serial, simlemente quería dar una visión general de un viaje que llevaba mucho tiempo deseando hacer y que no me defraudó en absoluto.

Viaje a Escocia III


Tras ver Edimburgo tocaba irse a las tierras altas, así que alquilé un coche para tener libertad de movimiento y poder perderme a gusto por los rincones de Escocia. Elegí el modelo más barato que encontré y cual fue mi sorpresa, esperando como esperaba encontrarme con un Clio, al ver que me dan un Peugeot 207 coupe de paquete, con menos de 500 millas en el contador. Así que me recorrí Escocia en un deportivo descapotable, claro que la capota solo pude bajarla un par de días y solo durante breves periodos, porque si algo tiene Escocia, es un clima más errático que Pocholo y si está haciendo sol, eso no impide que a los 10 minutos te pille un aguacero para más tarde envolverte la niebla. Con el coche también cogí un GPS que me permitió ver todo lo que quería sin tener que perderme a cada paso. Pasar tanto tiempo juntos hizo que comenzase a encontrar cierto morbo en esa voz tan exhortativa, tan de "disciplina inglesa" (Definitivamente, tengo que pensar seriamente en buscarme una novia)


Al llegar a las Highlands se me cayó un mito, la gente no va por ahí en kilt. ya se exactamente lo que siente un inglés o un americano al entrar en España y comprobar que no somos todos toreros ni bailaores, ais, cuanto daño hacen los tópicos. Pero lo cierto es que cualquier descripción que se haga de las tierras altas se quedará corta, en mi caso, me he enamorado de la costa oeste, desde Glencoe a la isla de Skie.




Pero claro, antes tenía que ir a Stirling a hacerme una foto con la espada de William Wallace,(Como todo buen fetichista). La espada se encuentra en el monumento a Wallace, una torre de 75 metros de altura, obviamente hecha en homenaje a él, heroe nacional de Escocia, de lo contrario sería, no se, la torre de Tony Genil y dudo que eso atrajera masivamente al público. En Stirling también se puede ver el castillo, aunque desde luego, no es como el de Edimburgo.

Los paisajes de Glencoe son simplemente espectaculares, kilómetros de lo que en su día fueron glaciares tapizados en verde. Para llegar hasta allí pasé por el parque nacional del lago Lomond, pero no quiero sonar como un GPS. Tras pasar Glencoe fui hacia el castillo de Eilean Donan. ¿qué se puede contar de este lugar que no se haya visto en todas las películas en las que ha salido?. Ese castillo, ese paisaje, en fin, una maravilla.

Viaje a Escocia II


A lo largo de la Royal mile (High street) se concentran las grandes atracciones de la ciudad, desde el castillo de Edimburgo, del que parte la milla real, a la cámara oscura, un artefacto construido hace 150 años y que permite ver panorámicas de la ciudad, se trata básicamente de un periscopio y espejos, pero supongo que hace 150 años sería como los Iphones hoy en día.




Un poco más abajo te encuentras con Mary King´s close, recomendable para morbosos como yo, ya que allí enterraron viva a la gente durante la peste negra. También en High street está la catedral de Saint Giles, donde por cierto estuve escuchando un concierto de piano y acordeón que me gustó, ¿En qué me convertirá eso?

Así hasta alcanzar el final de la milla real, allí se encuentra el palacio de Holyrood house, que tiene una abadía en ruinas en uno de sus laterales que me encantó, posee un halo de decadencia romántica que me trae a la memoria los mitos góticos. También aquí, al final de la milla, está el parlamento escocés, que personalmente, me parece una aberración que jamás debería haberse construido y por lo que tengo entendido, un gran número de escoceses opina igual. Pocos edificios más feos te puedes encontrar, bueno, quizás los que construye Calatrava. El caso es que el edificio literalmente destruye la estética de todo el lugar.


Si a alguien le pasa como a mi y le encantan los dulces, no se puede marchar de Edimburgo sin probar el fudge, una especie de caramelo blando, que al menos tal y como yo lo compré, se vende al peso en trozos sacados de tabletas con una forma similar a las de turrón. De sabores que van de la menta al Whiskey. Yo lo encontré en una pequeña pastelería que tan solo se dedicaba a vender eso, bueno también servían te y café., estaba bajando High street hacia Holyrood house. No parecía enfocada al turismo, que es algo que ocurre con casi todo lo que hay en esa calle, parecía más bien una pastelería tradicional, de las de toda la vida, lo que para mi le da de antemano un millón de puntos.




Si te gusta la pintura, tienes el Naional gallery al lado de los jardines del castillo, aunque a mi la pintura no es que me motive demasiado. El museo nacional de Escocia tiene, sin embargo, cosas que si que me gustaron, como una espada Claymore del rey Robert "The Bruce" que ya quisiera yo tener colgada a la entrada de mi casa. Pero bueno, no quiero hacer una guía turística de Edimburgo, digamos que es una ciudad para ver y con un ambiente espectacular, al menos en Agosto. Además, debería ser obligatorio tomarse una pinta en un pub escocés al menos una vez en la vida (Después de todo, los hay que peregrinan a sitios bastante más aburridos)

Viaje a Escocia I



Por culpa de la manía de buscar el vuelo más barato, me tragué tres trasbordos antes de conseguir poner el pie en Edimburgo, eso significa que me comí tres "Performance" a la ida y tres a la vuelta sobre seguridad en el avión. No digo que esté mal que te enseñen una y otra vez a ponerte el chaleco salvavidas, pero me parece difícil que se te ocurra ponértelo mientras caes desde 10.000 metros en posición fetal y llorando como un crio. Además, se dejan en el tintero importantes consejos sobre seguridad. Está bien lo de las mascarillas, el cinturón, etc. ¿Pero qué hay sobre las auténticas amenazas, por qué no nos explican que hacer en caso de ataque OVNI o qué pasa si se sube Melendi?

Lo de los controles en los aeropuertos lo dejaré de lado, que bastante me jodió tener que facturar el equipaje a la vuelta por no poder subir al avión con una botella de whiskey, ¿Acaso se piensan que voy a derribar el avión emborrachando a los pilotos?

En fin, lo importante es que pude poner el pie en Edimburgo en pleno festival de verano, lo que convierte a la capital escocesa en un espectáculo contínuo. A todas horas, en todas partes, te puedes encontrar espectáculos callejeros de todo tipo, malabaristas, magos, músicos, toneladas de turistas...Por no mencionar la infinita oferta de obras de todo tipo repartidas por la ciudad, desde teatro de vanguardia basado en la expresión corporal (Malditos gafapastas) a el famoso festival Tatoo, que se realiza en la explanada situada frente al Castillo de Edimburgo y para el que no quedaban entradas cuando yo fui, así que solo podría hablar de él de oídas, literalmente hablando, porque alguna vez pasé a su lado durante el espectáculo.


Personalmente, yo me quedo con lo de escuchar conciertos en pubs mientras me bebo una pinta de Guinness, bueno o dos. Con la poca tolerancia que tengo al alcohol, eso es más que suficiente para que ande por ahí con un ligero pedal, lo cual, unido a mi no demasiado alto dominio del inglés (Y menos de ese que hablan los escoceses) puede dar lugar a situaciones de mucha risa.

Amsterdam

Es una ciudad a la que si le cambias los holandeses por españoles probablemente se colapsaría en menos de tres minutos. Y es que viendo el comportamiento que tenemos en general los españoles, estamos a décadas de alcanzar el grado de civismo y educación que he visto allí. Aunque tengo que decir que el albergue en el que estuve era básicamente la boca del infierno.

Una de las cosas que me llamó la atención de la ciudad fue la cantidad de gente que usa como medio de transporte la bicicleta, diría que hay más bicicletas que coches, al menos en el casco urbano, absolutamente toda la ciudad está recorrida por carriles para bicicletas. Además la gente se mueve por ellos con una velocidad y soltura asombrosas, puedes ver a alguien pasando a toda pastilla sin casco, escuchando el mp3 y llevando a sus dos hijos en la bicicleta. Una escena similar en España no quiero saber como acabaría, porque allí son muy escrupulosos con el civismo, como pude comprobar yo mismo por meterme sin darme cuenta en un carril bici mientras pasaba una. Esta, me golpeó en el hombro y siguió lanzada como si nada, sin embargo una señora que pasaba por allí se acercó a nosotros mientras, hum, decía vehementemente "It´s a bicycle pass". Me encanta, una ciudad en la que tienen escaparates con prostitutas y puedes fumarte hierba en los bares, pero en la que te llaman la atención si entorpeces el paso del carril bici, lo dicho, a años luz de España.



Pero desde luego, lo que más me llamó la atención fue el barrio rojo, en todos los sentidos, pero sobre todo por un contraste que me resultó muy curioso, hay una iglesia que creo que es del siglo XVII, que se encuentra situada en una plaza en pleno distrito rojo, la plaza está completamente rodeada por las famosas vitrinas con neones rojos y de noche es un contraste increible ver la iglesia iluminada por la luz de las vitrinas de las prostitutas.




Mención aparte merecen los canales, construidos para ir ganándole terreno al mar, la ciudad está cruzada literalmente por cientos de canales. Estar en Amsterdam y no realizar una excursión en barco por los canales es casi un pecado.
Una ciudad abierta y tolerante, eso si, con un escrupuloso respeto por las normas, puedes fumar marihuana, pero solo en los lugares acondicionados y además solo te venderán una determinada cantidad. En definitiva, solo puedo decir que el ambiente de la ciudad me ganó totalmente.

New York, New York


¿Qué se puede hacer la mañana de Navidad si no tienes diez años y estás en Ohio?, supongo que aburrirse; y esto lleva a revolver por tu habitación y encontrarte por ejemplo con las fotos de un viaje a Nueva York, mirándolas comencé a recordar los días que estuve por allí.
Lo primero que llama la atención de la gran manzana al margen claro está de su skyline, es la paranoia antiterrorista que tienen los americanos, Manhattan es un auténtico estado policial, vayas por donde vayas siempre verás algun policía, el rollo "to sever and to protect que dirían rasca y pica". Un ejemplo de hasta donde llega esto se da a la hora de llegar a la estatua de la libertad, para lo que tienes que pasar dos controles antiterroristas en plan película de Hollywood, uno antes de tomar el ferry en Battery Park y otro en la misma entrada de la estatua, pero al cabo de unos días te acostumbras a pasar controles para entrar en todas partes, incluso en la catedral de San Patricio hay un minicontrol, aunque lo que me llamó la atención fue el circuito interno de televisión por el que se pueden seguir las misas.
Otra cosa que me llamó la atención fueron los contrastes que existen en la ciudad, puedes estar en una calle llena de tiendas de lujo y restaurantes y moverte tan solo dos paralelas a ella y encontrarte en un suburbio, no existe la gradación que yo observo en España y en mi opinión tiene que ver con el sistema económico de los Estados Unidos, no existe el colchon del estado de bienestar que tenemos los europeos.
No quiero convertir la entrada en una especie de proyección del video de mis vacaciones, quería más bien describir mis impresiones, aunque probablemente lo que más me llamó la atención fue la cantidad de "frikis" que me encontré los días que estuve...Pero sobre ellos ya haré una entrada porque esta se alargaría demasiado.