Coaching

Cuando uno se aburre le da por buscar cosas raras por internet, así que después de cansarme del porno, me dió por buscar algo que he visto aquí y allá en reportajes como los que hace unos años les hacían a los extintos metrosexuales, cuyos fósiles supongo que se conservarán en crema hidratante. Así que me puse a buscar cosas sobre el coaching, para descubrir algo tan interesante como que funciona porque "pone el énfasis en la atención y acción encaminados hacia la consecución de tus metas personales y profesionales". Al parecer, llegamos a un punto en nuestra vida en el que desconocemos cuales son nuestros deseos más profundos, pero eso no es un problema porque existen unos seres de luz que van a "elevar nuestro nivel de conciencia y a guiarnos para que podamos verlo todo con más claridad", juro por el silmarilion que son palabras textuales que he leido en páginas de gente que dice dedicarse al "personal coaching", bueno menos lo de los seres de luz que es una idea que les regalo para futuras tomaduras de pelo.

Parece ser que una de las cosas que se ha puesto más o menos de moda en los últimos años son los llamados "personal shoppers", así, en inglés, para que suene más molón y glamoroso. Básicamente consiste en contratar una especie de madre de alquiler para que nos compre la ropita, como hacía la biológica cuando teníamos cuatro años. Claro que ellos no te obligan a limpiarte los mocos con un pañuelo en vez de con la manga, estos "personal shoppers" adornan un poco sus funciones, algo que también está muy de moda últimamente, porque es obvio que los cocineros ya no preparan comida sino que son artistas deconstructores experimentales y ya no se alicatan los baños sino que se crean entornos dinámicos de interacción higiénica. Y así estos compradores personales "estudian" el color de tu piel, el de tu pelo, tu morfología (Igualito que el doctor Cabrera), te hacen cuestionarios como los de la Superpop, hacen "análisis" de color para decirte por ejemplo, que estación te corresponde, porque los hay que clasifican los colores por estaciones, eso es conocimiento sistemático y no la tabla periódica. Todo ello con el fin último de llegar a una conclusión del tipo, cómprate esos vaqueros que no te hacen el culo gordo.


Uno se pregunta que clase de gente recurre a estos tipos, antes supongo que lo harían los ricos por lo de buscar símbolos de estatus, pero al parecer, hoy en día han buscado caladeros de clientes en "la clase media". Supongo que la excusa más habitual para recurrir a este tipo de servicios es la falta de tiempo del cliente y cosas así, aunque claro, si te van a comprar ropa debes estar presente y lo mismo para todas esas pruebas previas. Personalmente, me da la sensación de que la gente que recurre a estas cosas tiene una personalidad tan débilmente definida que prefiere poner su vida en manos de otros para que la vivan por ellos, entregan voluntariamente su criterio y capacidad de decisión para que sea otro quien piense por ellos, en la ropa, en las relaciones, en su carrera profesional, hay un coacher por cada posible decisión. El verdadero producto que ofrecen es la posibilidad de convertirte en un espectador ajeno a tu vida, una especie de muñeca Brazt a la que poner y quitar trapitos según la moda.



1 comentarios:

nym dijo...

Vete buscando otra metáfora, que a las Bratz sólo les quedan unas navidades (literalmente, Barbie les ha ganado un juicio y las muñecas cabezonas morirán en pocos meses).

¡Anda, qué casualidad, yo tengo un personal coach! Se llama Hermano De La Luz y me está preparando para el Nuevo Orden Planetario que está a punto de llegar, justo después del Avistamiento (el Líder, que nos lleva en su nave espacial). Gracias a que me ha abierto los chakras me he dado cuenta de que en realidad el dinero mancha mis bolsillos e impide que el karma se apodere de mi ser, así que les he dado todos mis billetes para que hagan una pira y los quemen.
También tiene algo de personal shopper, por supuesto. Ha decidido que lo que mejor le sienta a mi aura es una túnica blanca con capucha. En invierno puedo ponerme babuchas y en primavera coronas de flores. ¡Más bien...!